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Voz Joven

“Probablemente el sistema de oposiciones sea excesivamente memorístico y sea preciso cambiarlo”

Por David Daura.
Barcelona.
 

Cuando llego a la Ciudad de la Justicia a las dos y media de la tarde, apenas queda rastro de la actividad frenética a la que está habituada a primera hora de la mañana. Un procurador que corre a presentar un escrito, guardias de seguridad que se pasean tranquilamente y un abogado, aún con la toga puesta, teléfono pegado a la oreja, que dice que llegará tarde a comer porque el juicio se ha alargado demasiado. En la cuarta planta del Edificio I, donde se ubican los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, ya no queda nadie, excepto los pocos oficiales que acaban de sellar y mandar escritos. Jorge Vergara Aranda (Zaragoza, 1967) llega puntual, tras acabar una reunión. Lo primero que se percibe de él es la exquisitez de sus modales y el tono de su voz, amable y calmado, de caballero inglés. El despacho de Su Señoría está cortado por el mismo patrón que la mayoría: mobiliario funcional, una mesa para pequeñas reuniones de cuatro personas, bandera estatal y bandera autonómica y el jefe del Estado retratado, que nos mira con ensayada severidad. En la mesa y sobre el mueble donde reposan algunos expedientes, hay manualidades de sus dos hijos, aparte de alguna fotografía familiar. Resalta, entre todo, una naranja, sobre una pequeña base de madera con la inscripción “Premi Taronja 2013”, un galardón que el Grupo de Abogados Jóvenes del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona concede, según los votos, al mejor juez y al mejor juzgado de la temporada. Lo han ganado tanto él como el juzgado. “Estoy muy contento”, me comenta, “no deja de ser un reconocimiento al trabajo bien hecho”. Para él, el trato y el respeto, tanto a los profesionales como a los ciudadanos que acuden el Juzgado, es fundamental.

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¿Cómo llega usted al Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 5 de Barcelona?

Yo entro en la carrera judicial en el 99, cuando la escuela judicial ya estaba instalada en Barcelona. Éramos la tercera promoción. Por cuestiones familiares y al asistir a la escuela judicial aquí, fijo mi residencia en Barcelona y entro en un juzgado mixto de Mollet del Vallès. Un juzgado que lleva penal y civil, además de los asuntos del Registro. A partir del segundo año, me convierto en decano. Por cuestiones familiares y administrativas, el caso es que renuncio a un primer ascenso, y por eso estoy seis años allí. Cuando surge la segunda oportunidad, dentro de los juzgados nuevos que se crean, aparece el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de L’Hospitalet de Llobregat. Es de los primeros municipios que no es capital de provincia que tiene un juzgado de este tipo. La razón es obvia: es la segunda ciudad más poblada de Catalunya. En aquel momento, me pareció que era un buen salto tras seis años en un juzgado mixto con tareas en el Registro. Aunque supusiera centrar y delimitar mucho la función judicial, me pareció que podía venir bien centrar un poco la materia, especializarse. Evitar estar siempre con un abanico tan vasto de cuestiones jurídicas. Además, me permitía compaginar mucho mejor la vida familiar. Llego a estar tres años en ese juzgado, y cuando se traslada aquí, a la Ciudad de la Justicia, empiezo a tener contacto con los colegas de Barcelona. Me entero de que se va a crear el quinto juzgado de violencia sobre la mujer en Barcelona, donde paso a trabajar, a fin de mantener la línea de especialización y la compatibilidad con la vida familiar, ya que son juzgados que no están especialmente saturados, salvo en los casos de las guardias.

Para gente que no lo sepa: ¿cómo se llega a ser juez? Se sabe que hay que opositar, pero, ¿cómo son estas oposiciones?

Requieren, en primer lugar, estar licenciado en Derecho. Luego el opositor tiene un número de temas que comprenden las materias básicas del derecho: constitucional, laboral, administrativo y sobre todo procesal, civil y penal. Es un sistema criticado por lo excesivamente memorístico. Ahora el sistema ha cambiado un poco. En aquel momento, cuando yo oposité, había dos exámenes orales. Y había que demostrar un conocimiento suficiente de las materias. Luego pasamos por la Escuela Judicial, con aprendizaje práctico. Pero me pareció que lo más importante, una vez tienes la base teórica, es el paso por el juzgado, cuando pasas a ser juez adjunto (ahora se habla de tutorías). Pero cuando empiezas a trabajar con un compañero, con un juez con una carrera profesional, codo con codo, cuando estás ya en el juzgado, resolviendo asuntos, celebrando juicios…, En estos casos es cuando finaliza el aprendizaje. Y me pareció que, una vez acabada la oposición, queda lo más práctico, más aún que la Escuela, que es mitad teórico mitad práctico, pero yo creo que hasta que no te ves en los juzgados, en el día a día, aplicando todo lo que sabes, no te das cuenta de lo importante que es llevar ese saco, con esos conocimientos memorizados.

Me alegra que haya sacado el tema de la memorización. Tengo algunos amigos ya licenciados que están opositando. Y literalmente han desaparecido del mapa. El otro día hablé con uno de ellos, y me dijo que él no se encierra a estudiar, sino que se encierra a memorizar.

Como un loro. Te encuentras como un loro que tiene que recitar un tema en quince minutos. Te pasas el día con un cronómetro en la mano, practicando… Sí, es muy memorístico. Pero luego, cuando desarrollas la función jurisdiccional, es importante tener un anclaje también en la vida. Conocer un poco cuales son los problemas de las personas. Y no caer en el formalismo puro y duro de aplicar la ley. Aplicar la interpretación hermenéutica con la realidad social existente. Es verdad que desapareces de la vida, y que quizá sea todo demasiado memorístico. Pero cuando yo empecé, los preparadores me dijeron que era la única forma efectiva para llegar a ese momento crucial en el que tienes que demostrar tus conocimientos, sin tener que pararte a racionalizar, porque, literalmente, no tienes tiempo. A ello súmale la competencia que hay de por sí en unas oposiciones a judicatura y fiscalía (pocas plazas para tantos candidatos). Lo mejor era sabérselo como el Padre Nuestro, las tablas de multiplicar, los reyes godos, los ríos de España… como siempre se han aprendido las cosas en este sentido. ¿Que no es lo ideal? Quizá. Pero tenemos este sistema porque nos garantiza que los que llegan a aprobar tienen un buen conocimiento del derecho.

Comentaba con este amigo que era muy curioso que los jueces y los fiscales fueran los únicos funcionarios que para acceder al puesto no tienen que pasar un test psicotécnico. Y el amigo me respondió que difícilmente alguien que  haya acabado recientemente unas oposiciones de juez sea capaz de pasar un test psicotécnico.

(Ríe) Sí, eso demuestra que probablemente sea preciso cambiar el sistema. En otros países los hay, quizá mejores. Podríamos introducir entrevistas con el opositor, a fin de demostrar el conocimiento de la realidad social. Aunque creo que son menores aquellas resoluciones judiciales discordantes con dicha realidad social. Son singulares. Pero bueno, sí, siempre es bueno tener en mente que el sistema es perfeccionable.

Pasando a otra cuestión, este juzgado está en el edificio de instrucción, donde están todos los juzgados de instrucción de Barcelona. ¿En qué se diferencia este Juzgado del resto, qué hace que no hagan los demás?

Cuando se debate sobre el instrumento legal para atajar el problema, se plantean determinados bienes jurídicos que hay que proteger: violencia de género o violencia doméstica. Incluso actualmente hay una confusión sobre una cosa y la otra. La especialización supone crear unos juzgados que deben conocer el problema de dicha violencia, abordado, eso sí, desde el punto de vista de la legalidad de cualquier juzgado.

No somos oficinas administrativas de atención a la mujer maltratada, que ya las hay, sino que somos juzgados que abordan el problema siempre desde el punto de vista judicial, con la imparcialidad hacia cualquiera de las partes y con la presunción de inocencia siempre presente. Y eso lo saben tanto los abogados como las partes que vienen aquí. No dejamos de ser jueces. Igual que un juzgado de instrucción, vamos a requerir cualquier actividad procesal encaminada a recabar datos que nos permitan luego celebrar un juicio. De esta forma, muchas veces pueden pasar por Juzgados de Violencia sobre la Mujer casos que conllevan un archivo o una sentencia absolutoria, y luego nos dicen que no hemos creído a las mujeres. Y no significa esto, sino que nos encontramos ante un caso en que no se ha probado algo. “No es que yo no me la crea, señora”, les digo, “sino que debemos intentar recabar todo lo que podamos para demostrar esto que nos está diciendo”. Es decir, necesitamos testimonios, partes médicos, informes psicológicos que nos lleven a probar ese indicio de que se está produciendo ese comportamiento delictivo.

No dejamos de ser juzgados, aunque Juzgados de Violencia sobre la Mujer, lo que comporta cierta sensibilización del problema. Conocer esas conductas que se producen en el ámbito íntimo de la pareja y que requieren, en muchas casos, la adopción de medidas cautelares. O, por ejemplo, saber qué denuncias y asuntos tiene el presunto agresor. Uno de los problemas que había antes de la existencia de estos juzgados era que había juzgados que conocían distintos asuntos familiares dispersos. Ahora, con estos juzgados, todos se acumulan, con lo que podemos averiguar los antecedentes familiares, examinar los procedimientos anteriores, saber cuántas denuncias tiene esa persona. Eso ayuda muchísimo.

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Se ha publicado esta macroencuesta europea, en la que se ha constatado que una de cada tres mujeres en Europa ha sufrido violencia de género, aunque hay que especificar que en esta encuesta el término “violencia de género” se aplica para la mujer maltratada por el hecho de ser mujer. De esta violencia de género, el 22% es a manos de su pareja o expareja. ¿Le sorprenden estos datos?

Nos tienen que sorprender. No podemos ser inmunes a esta noticia. Yo creo que la ley multidisciplinar española pretende abordar este problema no solo desde el punto de vista judicial sino también desde el punto de vista de la información, de la educación y de la sensibilización. En ese sentido, en este país nos queda mucho, mucho recorrido. Es decir, que no se utilice más esa posición que históricamente ha ocupado el hombre, de subyugación a la mujer. Yo tengo niños pequeños, y sé que ya les informan en ese sentido. Me sorprendió el otro día mi hija, que me dijo que ya les habían dado alguna clase o una charla sobre el tema. Les decían que a las mujeres no se les debe insultar, no se les debe faltar al respecto. Todo ello dentro del marco de que no se puede insultar ni vejar a nadie, desde luego, pero ya insistiendo en evitar situaciones que conlleven una posición de abuso del hombre hacia la mujer. Pero esta posición de abuso aún abunda, y abunda también en la juventud. Nos vienen chicos jóvenes de 18 o 20 años que, sinceramente, no sé qué patrones de vida han tomado…

Precisamente, esta macroencuesta incidía en el hecho de que los agresores y las víctimas son cada vez más jóvenes. No sé si podemos hablar de un retorno a viejos patrones.

No lo creo. La Ley Orgánica 1/2004 sólo lleva 10 años en vigor. A lo mejor nos falta un poco de progresión. Quizá a nivel formativo no hayamos podido alcanzar a la gente que hoy en día tiene 18 o 20 años. No lo sé. Pero es verdad que aún hay personas que tienen unos patrones muy básicos. Aun así, en estos diez años, la implementación de la ley ha sido buena.

Me señalaba un compañero que los países donde hay menos porcentaje de violencia de género (España, Irlanda, Portugal, Italia, Polonia…) son países donde, curiosamente, existe una clara raíz y tradición católica. No sé si la religión tiene algo de ver o si en estos países existe un mayor miedo a denunciar.

Podemos hablar de determinadas personas que tienen miedo a denunciar, sí. Pero se denuncia mucho. Los ciclos de denuncias, que suben y bajan, no corresponden al hecho de que haya más o menos casos de violencia de género, sino que en determinados momentos, por un cúmulo de circunstancias, te llegan menos asuntos. Pero se denuncia. Otra cosa es que se llegue a, primero, probar, y luego a condenar.

Lógicamente, hay que insistir cuando sabemos que un porcentaje alto de las mujeres que han muerto a manos de su pareja no denunció los hechos. A veces, las que no denuncian son las mujeres que sufren esa lacra. Pero no creo que en España no se denuncie el maltrato. De diez años a esta parte se ha incrementado el número de denuncias, sobre todo en los primeros estadios. Y es bueno denunciar. Muchas veces, aunque no se logre apertura de juicio o sentencia condenatoria, la denuncia sirve para aquellos casos en los que la relación se ha degradado tanto hasta el punto en que se cometen hechos delictivos; les ayuda a pensar, tanto al agresor como a la víctima. Sirve para que dicha situación no se degrade más. Yo creo que hay que denunciar y, aunque no se pueda probar (porque son hechos que se producen en el ámbito íntimo), esto sirve como un freno, como un aviso. El agresor ve que por ese camino no puede seguir.

Ocurre a veces que la mujer utiliza la dispensa de declarar del artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. ¿Vale la pena llegar tan lejos, poner una denuncia, abrir juicio, para luego encontrarnos con una mujer que no quiere declarar?

En efecto, ocurre muchísimo. Pero insisto: independientemente de esa cuestión procesal (que es muy debatible, desde luego, sobre si se debe admitir esa dispensa para todo el proceso o solo para la instrucción…), hay que entender hasta cierto punto a una chica que no quiere declarar contra su pareja. Las parejas tienen mucho: todo lo bueno y todo lo malo. Pero es muy complejo. Saber que su declaración puede conllevar una condena… hace que reculen. “Si tiene que ir a la cárcel, no declaro. Pero pongo una denuncia para acabar con esta situación”. Pues como mínimo hemos conseguido eso. En cualquier caso, una mujer que se acoja a esta dispensa debe saber que puede volver a denunciar, que estaremos otra vez aquí, para atenderla y escucharla, que no pasa nada para que en un determinado momento se cuestione dar ese paso. Y si el no declarar viene derivado del miedo real, contar con las unidades psicológicas necesarias (como las de Atención a la Víctima) y buscarle una solución específica. Es decir, que si necesita salir del domicilio, la podemos llevar a un lugar donde esté protegida. Existen las ayudas administrativas para asistir a las víctimas. Sabemos que estarán asesoradas por abogados, que tienen a su disposición los servicios de Atención a la Víctima.

No he podido evitar fijarme en que en la sala de espera del Juzgado hay una mesa más bajita, con sillitas, para niños. Deduzco que la concurrencia de menores por estos juzgados es común.

Sí. Lógicamente, en este tipo de procedimientos no es lo mismo un niño de 12 o 13 años que uno de 4 o 5. A veces vienen con niños muy pequeños. Pasarlos por el juzgado de guardia, en un momento dado, preferimos no hacerlo. Preferimos que pasen por el equipo técnico adecuado, a fin de llevar a cabo una exploración al menor, una declaración. Lo preservamos de todo lo que es el ambiente de la guardia. Lo llevamos a una sala, con unos psicólogos, grabándola y garantizando el correcto ejercicio del derecho de defensa. Y que sean, si no una, las mínimas entrevistas para poder formular una acusación y luego un juicio. Sin embargo, a veces vienen con niños no porque estos tengan que declarar sobre asuntos en los que hayan sido víctimas o testigos presenciales, ¡sino porque las propias madres no tienen donde dejarlos! Mientras recibimos a la madre y le tomamos declaración, les facilitamos colores, papeles, lápices, para que se puedan entretener…

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Una compañera suya, la jueza Francisca Verdejo, afirmó en una entrevista  que, en estos casos de violencia de género, no existe, como si existe en otros tipos delictivos, un perfil del delincuente. Como si cualquier persona, cualquier hombre, pudiera convertirse en un agresor, independientemente de su edad, de su extracto social.

La violencia de género, tal y como está definida en distintos tratados jurídicos, comprende todos aquellos comportamientos que llevan a subyugar o dominar a la mujer. Pero los tipos delictivos del Código penal no introducen elementos subjetivos, hecho que ha llevado a una muy variada jurisprudencia en las audiencias. Y es verdad que cualquier persona, en un momento de enfrentamiento con su pareja, puede utilizar medios violentos para imponerse, aunque no lo haga con la finalidad de dominar o subyugar, sino de resolver el conflicto con una actitud violenta. A veces pasa gente por aquí que, efectivamente, no tiene un perfil de maltratador, porque es un caso puntual en el que se ha utilizado la violencia para imponerse. En estos casos, el sujeto activo puede ser cualquier persona que se haya descontrolado en una discusión con un acto violento. ¿En el sentido de, con ello, tener dominada a nuestra pareja a lo largo de la relación? No siempre. A veces es el típico caso de: es una persona encantadora, cariñosa pero, cuando bebe, se pone violento… Decir que es un maltratador siempre… bueno, quizás lo lleva dentro, subyace en su interior, y florece por la desinhibición del alcohol. En este sentido, sí, podemos afirmar que cualquier persona puede ser autora de maltratos.

Los casos que vemos en estos juzgados son de una universalidad muy amplia. No siempre son blanco o negro, y es difícil distinguir si nos encontramos con un maltratador típico, que corresponde a un perfil determinado. Muchas veces nos encontramos con matices de grises, donde a veces la violencia es bidireccional, en la que la pareja se ha acostumbrado a discutir a viva voz, por improperios entre ambas partes, pero que en un determinado momento todo acaba en un puñetazo, en una agresión física del hombre a la mujer. Claro, podemos pensar que no tenemos a un maltratador, en este caso. Incluso vienen en muchos casos los vecinos como testigos, y oímos como nos dicen que se oían gritos de hombre, de mujer, golpes, discutían mucho, pero se la oía más a ella que a él. Bueno, pues eso es un caso de violencia bidireccional. Lo que pasa es que cuando impones la fuerza, suele ser la del género masculino sobre la de género femenino.

Pero a veces nos vienen imputados los dos, porque uno no se ha dejado dominar por el otro. Normalmente, cuando el sujeto activo no es el típico maltratador, estamos ante un caso en que existe una relación de pareja que desde el principio ha funcionado bien, y es en el momento de la ruptura cuando salen esos aspectos violentos. Por ejemplo, una pareja joven, un chico y una chica, que viven como vive la juventud, a impulsos, como una noria, ahora estamos arriba, ahora abajo… y a lo mejor, la relación ha ido bien y en el momento en que ella decide acabarla, él no acepta y sale el machismo y el decir el “tú no me vas a dejar a mí”, “tú no eres nadie para dejarme a mi”… y empieza el acoso, el hostigamiento, las coacciones. Pues bueno, ese chico igual no correspondía con los modelos de agresor que conocemos, pero en un momento concreto no ha sabido asumir una ruptura.

Con estos temas tan duros que trata usted, ¿cómo desconecta, una vez acaba su jornada en el juzgado?

Ahora mis hijos me absorben mucho tiempo. Tengo que estar por ellos, preocuparme de que hagan los deberes; no tanto a ayudarles a hacerlos sino a preocuparme de que se concentren y los hagan. Pero bueno, en cuanto a aficiones, siempre me ha gustado mucho el cine, sobre todo el cine negro clásico de los años cuarenta (Jacques Tourneur, Robert Siodmak y otros directores americanos). Hacían películas muy buenas, con una crítica a la sociedad muy fuerte.

Soy aficionado a los deportes, también. Al fútbol, sí, aunque siempre he sido más de baloncesto. En los años 80, cuando era estudiante de Derecho, recuerdo que me quedaba a ver los partidos de NBA por la madrugada. He seguido todos los play-off que he podido de Pau Gasol en su andadura ahora con los Lakers, y me quedo a verlos por la madrugada si puedo. En lo que se refiere a la lectura… intento que no sea muy profunda: libros de cine. Precisamente, leí no hace mucho un libro del fiscal general, Eduardo Torres-Dulce, sobre John Ford. Es un hombre muy cinéfilo. Ahora en el cine, cuando tengo que ir, me tengo que ver todas las de Disney. Aunque a mi hijo empiezan a gustarle las películas que no son de dibujos animados. Ahora que fuimos a ver El hóbbit al cine, hemos empezado a ver la trilogía de El señor de los anillos, y les encanta. También les puse, como corresponde a un padre de mi generación, las de Star Wars. Me gusta verlas con ellos, enseñarles y contarles la historia. Se las puse en el orden correcto, claro, es decir: cuatro, cinco, seis, uno, dos y tres, sino pierden todo interés y aquello de “Yo soy tu padre” no les emociona de la misma manera. Era mucho de ver la ceremonia de los Oscars en directo. Luego pasé a ver el resumen y ahora no tengo ni tiempo de ver el resumen. Y si no puedo ver las películas en el cine, sé que en cuatro o cinco meses las tendré en el Canal+. En fin, que a pesar de los niños, siempre que es posible, intento sacar algo de tiempo para el ocio.

Veo que lleva usted una de estas pulseras que tanto se han puesto de moda entre los niños. Veo que es blaugrana, ¿es culé usted?

Me la han hecho mis hijos. Pero no, no soy del Barça. Mi hijo sí que es culé. A mí me atrapa más lo que es el juego y la vistosidad, que los colores en sí. Todos estos años, ver al Barça era una delicia. Además, soy del juego y de las personas. Y el Barça, durante estos años, ha conseguido reunir a jugadores que también eran personas. No eran divos, jugadores fachada… sino jugadores que sirven de ejemplos para los niños. Gente como Xavi, Iniesta… me imagino que lo que proyectan es normalidad. Y es de agradecer, más en los tiempos que corren. No es que sea culé, pero durante muchos años, el juego del Barça ha sido una delicia. Aunque el Madrid también tiene que estar bien, sino la Liga sería de dos.

2 Responses to “Probablemente el sistema de oposiciones sea excesivamente memorístico y sea preciso cambiarlo”

  1. Andreu García Respon

    09/05/2014 at 13:26

    Brutal entrevista!

    Me quedo con esta respuesta “Como un loro. Te encuentras como un loro que tiene que recitar un tema en quince minutos. Te pasas el día con un cronómetro en la mano, practicando… Sí, es muy memorístico. Pero luego, cuando desarrollas la función jurisdiccional, es importante tener un anclaje también en la vida. Conocer un poco cuales son los problemas de las personas. Y no caer en el formalismo puro y duro de aplicar la ley.”

    Habria que hacerse más entrevistas a jueces sobre el sistema de oposiciones, no creo que todos esten muy de acuerdo con el sistema.

  2. Fco.Fresneda Respon

    07/07/2014 at 4:20

    Muy buena entrevista. Muchas gracias.

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