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¿Fue Genghis Kahn un mejor legislador que conquistador?

Por Pol Rubio.

Abogado.

Retrato de Genghis Kahn en sus últimos años.

Retrato de Genghis Kahn en sus últimos años.

No, obviamente no, el título es un clickbait de manual y Genghis Kahn es uno de los mayores conquistadores que ha conocido nuestra historia; pero eso no debe desmerecer su labor como creador de normas.

La Yassa fue un conjunto de reglas cotidianas promulgadas por el general mongol en 1206, tras haber sometido bajo su yugo al resto de líderes mongoles, destinado a lograr la convivencia entre los ciudadanos, así como la organización del propio imperio. Aunque no han sobrevivido copias de este código, se conoce buena parte de su contenido.

Desde El Jurista hemos querido hacer una simpática aproximación a algunos de sus preceptos para que cuando terminéis de leer este artículo os preguntéis si habríais sido más felices en una sociedad gobernada por el sanguinario feminista Genghis Kahn.

Se ganó ese último adjetivo prohibiendo el secuestro de esposas (lo cierto es que había perdido a su primera esposa Borte de esta manera), la venta de mujeres para el matrimonio y ordenando a las mujeres que acompañaban a las tropas que hicieran el trabajo y realizaran los deberes de los hombres mientras estos últimos se encontraran peleando. Asimismo, estableció que los niños nacidos de esclavas eran tan legítimos como los hijos de esposas.

Recreación de escena real en la que aparece su esposa Borte.

Recreación de escena real en la que aparece su esposa Borte.

Ordenó a sus guerreros que perdonaran los países y ciudades que se sometieran voluntariamente y estableció que los saqueos solo podían empezar por orden expresa del responsable del ejército y no como norma general tras la victoria.

Incentivó la solidaridad de su gente prohibiendo a los mongoles comer cualquier cosa en presencia de otro sin invitarlo a que también comiera la comida. También declaró que la propiedad de una persona que moría sin herederos no fuera al Kahn sino a quién hubiera cuidado al fallecido. Para hacer el paralelismo con la actualidad, esta situación solo podría darse si existiera un testamento que así lo dispusiera, pues a falta de él, si el cuidador no es un pariente que el Código Civil reconozca derecho a heredar, deberá ver como el patrimonio del fallecido se destina a engordar las cuentas públicas (artículo 956).

También era característico de la Yassa la severidad en el castigo. Sancionaba a los ladrones de caballos con el pago de 9 caballos por cada uno robado, en su defecto a pagar con sus hijos, y a falta de todo lo anterior, condenándolos a ser partidos por la mitad.

Preocupado porque ningún mongol fuera un fracasado ad eternum, con un literal parecido al que sigue, decretó: “Muerte a quién tome bienes a crédito y se declare en bancarrota, luego vuelva a tomar bienes y vuelva a declararse en bancarrota, luego vuelva a tomar bienes y vuelva a declararse en bancarrota por tercera vez.” Puede parecer muy drástico, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que la Ley de la Segunda Oportunidad solo puede aplicarse a personas que no se hayan acogido a la misma en los últimos 10 años (artículo 178 bis de la Ley Concursal). Incluso podríamos afirmar que tenían una Ley de la Tercera Oportunidad.

Y otra medida que desgraciadamente nuestros contemporáneos no han tenido la deferencia de replicar es que quedaban exentos de pagar impuestos abogados, médicos, líderes religiosos y funerarios.

Sin embargo, reconocemos el carácter humano y no divino del general mongol en algunos defectos que encontramos en su obra.

El más importante es que el contenido de la Yassa era secreto. Es decir, era de obligado cumplimiento, pero no estaba disposición del público. Es verdad que nuestro Código Civil, en su artículo 6, recoge que “la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento” (en latín ignorantia juris non excusat), pero también que a día de hoy cualquier ciudadano puede consultar cualquier normativa desde su móvil. Genghis Kahn optó por no hacerla accesible a todo el mundo, solo a unos privilegiados (consejeros, autoridades), por lo que su aplicación podía ser selectiva, e incluso se podía modificar su contenido sin que tuvieran los ciudadanos forma de controlarlo. Por lo tanto, podemos concluir que la seguridad jurídica no era uno de los fuertes del sistema mongol.

Sin entrar en si la dureza en el escarmiento de la Yassa es algo positivo o negativo, lo que sí podemos considerar reprochable era su extendido uso para hasta la menor de las infracciones. Probablemente todos los que estamos leyendo este artículo habríamos sido ejecutados en algún u otro momento ya que orinar en agua (o cenizas) estaba penado con la muerte. Y es que la conciencia medioambiental del Kahn era significativa porque también prohibió lavar la ropa hasta que estuviera completamente desgastada.

Además tenía una forma poco efectiva de incentivar la confesión del delito. Establecía que nadie sería hallado culpable a menos que fuera cazado cometiéndolo o confesase su delito. Nos ponemos en la piel de un delincuente y nos parece más fácil confesar en la actualidad, ya que no tenemos pena de muerte al uso en nuestro sistema penal y está recompensada como una circunstancia atenuante el proceder a confesar la infracción a las autoridades (artículo 21.4 del Código Penal).

Había un doble rasero en su tolerancia religiosa, pues otra norma establecía la obligación de creer en un solo dios creador de todo, por lo que las religiones politeístas quedaban de facto excluidas. También en su feminismo, ya que pese a las medidas anteriormente expuestas, ordenó a su gente que presentaran a todas sus hijas al Kahn a principios de cada año para que pudiera elegir algunas de ellas para él y sus hijos.

Y fue uno de los primeros homófobos reconocidos en la historia, ya que bajo la premisa de la necesidad de reproducirse, sentenció que “los hombres que cometieron sodomía serán ejecutados”.

Pero en definitiva, Genghis Kahn murió (1227) orgulloso de su obra, advirtiendo en su lecho de muerte que si los mongoles se apartaban de su Yassa, el reino se sacudiría y derrumbaría. 30 años después, el imperio mongol se fragmentó en cuatro kanatos.


8 de setiembre de 2019.

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