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Fiscalía española: hipertrofia de jefes y desorganización

Ramiro Grau MoranchoPor Ramiro Grau Morancho

 Durante una década de mi vida laboral serví al Ministerio Fiscal, en calidad de Fiscal Sustituto. Es lo que yo llamo la “década prodigiosa”, pues lo mismo valía para un roto que para un descosido, pasando por todas y cada una de las dependencias que la Fiscalía tiene en Aragón… Como quiera que la década anterior había sido Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social (y de los grandes expresos europeos, como añadía con sorna) de la Universidad de Zaragoza, he llegado al convencimiento de que no hay Institución que me soporte más de diez años.

Y es que las personas críticas, corrosivas, pleiteantes, que no hacen la pelota a los jefes, y que dicen las verdades a la cara, son un peligro público, y como tal deben ser erradicadas de la sociedad de los bien pensantes.

Ahora que llevo un par de años como Profesor en Universidades Privadas de Madrid y Barcelona del Grado en Derecho, sólo espero que me aguanten una década más, o incluso menos, pues en cuanto pueda me jubilo, y me dedico a escribir “haciendo amigos”, que es lo que realmente me gusta…

Pues bien, a lo que íbamos. Sostenía y sigo sosteniendo la tesis de que la Fiscalía sufre de hidrocefalia, a partir del mandato de Conde-Pumpido, que copió la estructura total y absolutamente burocratizada de la Administración de Justicia, generando más puestos de jefes, es decir, de caciques, que de fiscales, o sea, de indios.

Y el problema de esta compleja organización no es que los jefes no hagan nada, en términos generales, y salvo honrosas excepciones, sino que para justificar su existencia, se pasan el día pidiendo datos, estadísticas, formularios, envío de copias de escritos de calificación e informes, de sentencias de determinadas áreas “de moda”, en resumen, que te pasas el día haciendo cualquier otra cosa antes que de dedicarte a perseguir la delincuencia, que es para lo que la sociedad te paga un sueldo.

Pero con el problema, además, de que el ascenso a esos puestos no es reglado, sino discrecional. Y ya sabemos que en España, y por desgracia, la discrecionalidad técnica –según la jurisprudencia-, viene a ser sinónimo de arbitrariedad.

¿Qué puestos hay en la fiscalía a los que se puede acceder de una forma objetiva, por antigüedad? Pues solamente uno, las plazas de teniente fiscal de las fiscalías provinciales (Art. 36.5 EOMF).

Todos los demás, es decir, la práctica totalidad, son de ascenso discrecional, la cúpula de la organización promueve a esos cargos por cooptación a aquellos compañeros en quienes más se confía, con independencia de su antigüedad, méritos, estudios complementarios, publicaciones, etc. Ni que decir tiene que esos nombramientos suelen recaer en afines o correligionarios, integrantes de la misma asociación de fiscales a la que pertenezca el fiscal general de turno. (No me gusta llamarle del Estado, pues no lo es, ya que sirve al Gobierno, en términos generales).

Este tema ha sido estudiado con profundidad por un autor anónimo, y no me extraña, sabiendo como se las gastan en la casa, bajo el título de “El sectarismo en la Justicia, Judicatura y Ministerio Fiscal”, y publicado en su web por la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales. Puede verse en el apartado de artículos doctrinales.

En este sentido, otra fiscal, doña Susana Gisbert, ha divulgado recientemente un interesante artículo en el blog Justicia Imparcial, sobre las “Categorías en la carrera fiscal: ese galimatías”, título ya bastante elocuente, y cuyo lectura también recomiendo a quienes deseen profundizar en el tema.

Y, por último, don Juan Antonio Frago Amada, un fiscal expulsado de la carrera por el “grave delito” de discrepar jurídicamente con su fiscal jefe correspondiente –en este caso jefa-, y cuya expulsión ha sido anulada por la Audiencia Nacional, por ser nula de pleno derecho, ha escrito recientemente en ¿Hay derecho? un trabajo titulado Sobre los aforamientos autonómicos y el problema de su eficiencia”, con los datos estadísticos del “trabajo” en las fiscalías superiores, de donde se deduce claramente que no tienen nada que hacer, y que son 17 órganos nuevos creados no se sabe bien para qué, como no sea para copiar –en todo- la estructura de los jueces, ya que la fiscalía como institución, y muchos fiscales personalmente, sufren una grave enfermedad que podríamos llamar insuficiencia judicial, es decir, querer ser y comportarse como jueces, sin serlo.

En base a apoyar mi argumentación, los datos son bastante elocuentes, y no me resisto a transcribir detalladamente los correspondientes a 2012, último año conocido:

  • Fiscales destinados en Fiscalías Superiores: 62 (incluidos jefes y tenientes).
  • Denuncias o querellas interpuestas: 561.
  • Escritos de acusación formulados por los 62 fiscales: 8, en toda España.
  • Ratio de trabajo por fiscal: 9,04 denuncias o querellas al año, y o, 12 escritos de acusación.

Mientras tanto los fiscales que vamos a llamar a pie de obra, es decir currantes, 2.072, hacían el siguiente trabajo:

  • Asistencia a 793.834 Juicios de Faltas.
  • Celebración de 325.000 juicios ante los Juzgados de lo Penal y Audiencias Provinciales.
  • Ratio de trabajo por fiscal: 2.477,10 asuntos despachados por fiscal.
  • 383,30 juicios de faltas celebrados, y 156,92 juicios en Penal y Audiencias.

Hace unos años había 50 fiscales jefes y 50 tenientes fiscales, pero a partir de 2009, con la similitud a la carrera judicial, tenemos 17 fiscales superiores, 17 tenientes superiores, 44 fiscales provinciales, 44 tenientes provinciales y 22 jefes de área.

Por no hablar del casi medio centenar de fiscales de que Conde Pumpido se rodeó, cual ejército pretoriano, exactamente 49 (11 Fiscales de Sala y 38 Fiscales de segunda), que continúan con el actual fiscal general, y cuya principal función, mucho nos tememos que sea reírle las gracias al fiscal general, y, en su caso, tomar café con él, a semejanza de cómo sucede en la práctica totalidad de las fiscalías con los pretorianos del jefe correspondiente.

En resumen, si esta no es una grave patología de hipertrofia, ya que dirán ustedes cual es la enfermedad. Y si la desorganización les parece estupenda, quisiera que alguien me explicara sus virtudes, pues por mucho que pienso sobre ello, no consigo encontrarlas.

Ramiro Grau Morancho.

Abogado, profesor universitario de Derecho, académico correspondiente Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

8 Responses to Fiscalía española: hipertrofia de jefes y desorganización

  1. ramón Respon

    24/02/2014 at 8:44

    El autor dice mucho…, y se queda corto. Un ejército co más caciques (jefes) que indios (fiscales), es imposible que gane ninguna batalla. Se pescan los peces pequeños (delincuencia de bagatela), pero se escapan los grandes delincuentes…

  2. carmen Respon

    24/02/2014 at 11:20

    En la Fiscalía hay tanto trabajo, debido entre otras razones a la excesiva criminalización de la vida social, que todo el mundo intenta huir del trabajo de burro -o burra- de carga, y pasar a ser jefe de algo, con lo cual se disminuye notablemente la carga asignada. Así sucede con los coordinadores, decanos, jefes de área, tenientes y capitanes, es decir, jefes, y no digamos nada de los tenientes coroneles y coroneles, es decir, tenientes superiores y jefes superiores, que viven como Dios…
    Por no hablar de los fiscales destinados en los TSJ, que como demuestra el artículo, con los datos en la mano, se tocan literalmente sus partes nobles a dos manos.
    En resumen, una organización bastante desorganizada, y, sobre todo, totalmente injusta, pues no es de recibo que los que más cobran sean, precisamente, los que menos trabajan…

  3. pilar Respon

    25/02/2014 at 11:12

    La Fiscalía adolece de varios problemas, al menos en mi opinión:
    1. Excesiva CRIMINALIDAD DE BAGATELA. No se puede tener a fiscales, jueces y secretarios ocupados la mayor parte del tiempo con juicios de faltas, por chorradas. En este sentido, la idea de suprimir la mayor parte de las faltas, no me parece mala idea, pues así se pueden concentrar los esfuerzos en los delitos más graves para la sociedad.
    2. INCUMPLIMIENTO HORARIOS DE LOS FISCALES. Nadie controla cuando van a trabajar, cuando se van del despacho, etc. Con la excusa de que están en juicios, algunos -y, sobre todo, algunas-, no aparecen por el despacho, con lo cual el papel se amontona y no sale. Las calificaciones muchas veces se hacen con tres meses de retraso, y no pasa nada, pese a que la ley “exige” que se hagan en el plazo de diez días…
    3. DESORGANIZACIÓN FUNCIONAL. Al no haber una competencia objetiva, como sucede con los jueces, un mismo asunto pasa por las manos de tres o cuatro fiscales, que pierden un tiempo precioso en enterarse del asunto, en lugar de llevar el tema un sólo fiscal, desde el principio hasta el final. Así uno interviene en la fase de instrucción, declaración del detenido, etc., otro le imputa, otro resuelve los recursos en la instrucción, otro hace la calificación, un cuarto o quinto fiscal es el que va al juicio, etc. Y, si se recurre al TSJ o al TS, son otros fiscales distintos los que tienen que estudiarse el expediente. ¿Alguién cree que así puede conseguirse una buena productividad…?
    En resumen, algunos trabajan mucho, pero los asuntos no salen, o van con demasiada lentitud. Y una justicia lenta ni es justicia ni es nada…

  4. antonio Respon

    03/03/2014 at 20:07

    El día que se encomiende la instrucción de los procesos penales, es decir, la investigación de los delitos, a los fiscales, el PP y el PSOE dejarán de tener problemas penales, y a sus dirigentes imputados… Así de fácil.
    La fiscalía funciona jerárquicamente, y los fiscales tienen que obedecer, o atenerse a las consecuencias: expediente disciplinario al canto, y, en su caso, expulsión de la carrera. (Ya le ha pasado a un fiscal de La Coruña, por oponerse a las órdenes de su fiscal jefa… Afortunadamente lo ha ganado en la Audiencia Nacional, pero ahora e están buscando las vueltas, para intentar separarle, de nuevo, por vía disciplinaria. Se trata de mantener el principio de autoridad, aunque no tengan razón).
    ¿Alguién cree que un fiscal, sometido a esta presión sobre su vida profesional y su futuro, puede actuar con objetividad e imparcialidad, sometido únicamente al imperio de la Ley?

  5. adolfo Respon

    10/03/2014 at 14:16

    El problema de la Fiscalía empieza por la cabeza, y dada su estructura jerárquica, la “enfermedad” se transmite a todo el organismo, y se llama politización.
    Mientras el fiscal general siga siendo un “empleado distinguido” del Ministro de Justicia, va a ser imposible que la situación se enderece.
    Pero claro, nombrarle por el parlamento, como algunos proponen, tampoco solucionada nada, pues en el parlamento manda el partido que gobierna, con lo cual sigue siendo “un lacayo” del poder político.
    La verdad es que no se cual sería la solución, y agradecería ideas o sugerencias al respecto, pues del debate sale la luz.

  6. Pablo Quintana Respon

    09/05/2014 at 13:28

    Ramiro, soy un absoluto fan suyo! Leo que es profesor universitario, dónde da clase? Me gustaría asistir a alguna conferencia suya!

  7. Ramiro Respon

    14/05/2014 at 13:40

    Pablo, muchas gracias por tu afectuoso comentario. Te comento:
    1. Doy clases en el Grado de Derecho de la Universidad NEBRIJA, que se imparten en BARCELONA en la Universidad RAMÓN LLULL, LA SALLE. Pero este curso he terminado ya las clases, hace unos días.
    2. Puedes ver mis últimos artículos en el blog Navegando Contracorriente, Ramiro Grau Morancho, que está colgado en Internet.
    3. Si tienes interés en adquirir alguno de mis últimos libros, están disponibles en Editorial Dykinson y en Editorial Círculo Rojo. En el blog citado hay información sobre ellos.
    4. Si deseas contactar conmigo puedes hacerlo en la dirección correo@ramirograu.com
    Gracias por tu apoyo. Es un estímulo saber que me lee alguien. Y quedo a tu disposición si en algo puedo serte útil. Cordiales saludos.

  8. Javier Leyto Respon

    01/05/2016 at 17:39

    En el artículo se dice “El sectarismo en la Justicia, Judicatura y Ministerio Fiscal”, y publicado en su web por la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales. Puede verse en el apartado de artículos doctrinales.”, pero no parece posible encontrar el link, ni en google aparece el artículo de este anónimo en la web original (apifiscales.es)

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