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La responsabilidad social y la ética de las empresas. El caso de la industria farmacéutica: propiedad industrial y derechos humanos

Por Judit Àvila Cambra.
Tarragona.

 

“Conseguir el máximo beneficio con la mínima inversión de tiempo y el mínimo de recursos posibles” esto es lo que conocemos como eficiencia económica a nivel de producción y el principal objetivo que toda empresa tiene marcado, sobre todo si nos situamos en el marco de las empresas que actúan a nivel internacional. Por el contrario, la ética y la responsabilidad que la persona jurídica tiene hacia la sociedad, a menudo quedan en un segundo plan dentro de las prioridades de estos importantes actores del mercado internacional. Aún así, la difusión de la política de desarrollo sostenible que viene marcada por las “International Business Ethics” tiene un notable crecimiento, sobre todo en la Europa Occidental.

El choque de intereses entre industria y consumidor puede originar una colusión de derechos fundamentales, por cuanto puede ser que la industria esté atentando contra un derecho fundamental del consumidor aunque esta violación venga originada a partir de la defensa de un derecho fundamental que la industria tiene de garantizarse a ella misma. La situación descrita es la que encaja en el sector de las grandes farmacéuticas, cuando estas se amparan en su derecho fundamental a la protección y exclusividad de sus fármacos mediante la propiedad industrial, invade el derecho fundamental de los consumidores (pacientes) al acceso asequible y justo a medicinas.

1. La propiedad industrial en las grandes farmacéuticas: patentes.

La inversión de capital por parte de los grandes laboratorios en investigación, desarrollo e innovación de medicinas ya existentes y no existentes, es un hecho que interesa a los mismos laboratorios para mantener su posición de diferenciación respecto de la competencia, pero también es un hecho que implica al sector médico en general.

Por que una empresa farmacéutica realice una inversión de esta envergadura ¿tiene que contar con el incentivo de que el proyecto será rentable y amortizable tanto por la empresa como por sus inversores, así como conseguir la amortización de todo el proceso de investigación? El éxito de las ventas dependerá en parte de la campaña de comercialización del producto (cómo es el marketing) pero el gran porcentaje de las ganancias vendrá garantizado por la protección del derecho de exclusividad que la industria farmacéutica originaria disfrutará por haber sido la pionera en la investigación del fármaco en concreto, y este derecho de exclusividad será garantizado por un periodo de tiempo mediante la patente.

2. El uso abusivo de las patentes y su efecto negativo enfrente la sociedad.

La controversia acontece cuando la industria farmacéutica utiliza este derecho a la propiedad industrial como una estrategia de negocio, es decir, la patente le concederá un derecho de exclusividad a la empresa que se traduce a una posición dominante en el mercado, que, a menudo, evolucionará a un monopolio e incluso a un oligopolio que hará que la libre competencia se perturbe y por consiguiente, que la fijación de los precios del mercado no esté condicionada por la oferta y la demanda, siendo el propietario de la patente el único que decidirá qué precio tendrá el fármaco, y normalmente, la decisión de este será fijar un precio muy alto excluyendo a las personas con unos recursos económicos ajustados, del suministro de medicinas y violando pues sus derechos.

3. ¿Existe alguna solución equilibrada para las dos partes?

¿Cuál de los dos derechos merece más protección? Está claro que dependiendo del trasfondo político de cada sujeto la respuesta será a favor de una parte o de la otra. Lo que no es discutible es que la patente es una simple invención del hombre, y por el contrario el derecho a la salud es una cosa intrínseca al ser humano y que frente a esto los laboratorios tienen que adoptar una posición ética y responsable socialmente. El argumento que los grandes laboratorios utilizan, y no falto de razón, es ¿por qué la industria farmacéutica tiene que ser más responsable -socialmente hablando- que otros sectores, incluso más influyentes, como sería la fabricación de armas (primer negocio a nivel mundial)? La discrepancia es constante y las “soluciones” muy diversas y discutibles.

Han surgido diferentes corrientes y opiniones referentes al tema, por ejemplo, la importancia del papel de los Estados, siendo los Estados quienes compren las patentes al fabricante pionero y después de que estas patentes sean vendidas a otros fabricantes potenciales, consiguiendo así que la comercialización de los medicamentos se pluralice, manteniendo la libre competencia y por consiguiente, unos precios más justos para el consumidor.
Modulaciones de esta corriente se transponen a ejemplos reales como en el caso del “Kiwi-Modelo” de Nueva Zelanda dirigido por su secretario de salud pública Annette King, que tuvo lugar cuando los costes en sanidad se elevaron considerablemente, para reducir costes se decidió crear un mecanismo de licitación público del suministro de medicamentos, donde las farmacéuticas compiten entre sí mismas por el mercado de los medicamentos genéricos y cuando esto sucede los costes por los consumidores disminuyen. Una versión más light de este modelo fue introducida en Bélgica.

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