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Tribuna

Voz Joven

Vida más allá del fútbol

Por Daniel Mendo
Traducción por Àngela Francés Gandia

 Hacía tiempo que quería escribir un artículo de este tipo. Es un tema que no tiene tanta trascendencia como el derecho del pueblo catalán o la corrupción del actual sistema político español, pero es un tema que considero muy relevante dada la gran cantidad de dinero que se mueve en este submundo.

Sí, hablo del mundo de aquel deporte en el que salen 11 personas por cada equipo persiguiendo un esférico mientras intentan colocarlo en un arco para obtener una gran victoria. El deporte que mueve miles y miles de personas, que salen a las calles para celebrar la victoria de su equipo, pero que, en cambio, no salen a las calles para protestar contra los recortes que probablemente harán que estas mismas personas no puedan acceder a una educación como consecuencia del aumento de las tasas universitarias en Cataluña (más de un 60%).

Pero mi objetivo no es, ni mucho menos, criticar a la gente seguidora de un equipo de fútbol. Yo, sin ir más lejos, me considero “seguidor” de uno de ellos. Tampoco quiero meterme en temas tan banales como la celebración de la pasada liga no hace mucho por parte del Fútbol Club Barcelona que ha protagonizado muchas protestas (me indigna el hecho de que una televisión pública haya emitido este acontecimiento, que ha pasado factura a toda la ciudadanía de Cataluña, y aún más ¡cuando todo el sistema social y médico está en quiebra! ¿Es necesario?).

Pues sí, como pueden ver estoy un poco indignado. Cansado de este juego que detrás del terreno de juego puede parecer tan divertido, pero que esconde un lado oscuro, por no decir completamente negro.

¿Sabían ustedes que en España el mundo de las apuestas deportivas mueve al año la cantidad de 30.000 millones de euros? De estas apuestas, casi tres cuartas partes son apuestas relacionadas con el mundo del fútbol. Un dato que a un servidor le provoca escalofríos (próximamente hablaré en un artículo de la polémica Ley del Juego). En los últimos días hemos escuchado que la Fiscalía Anticorrupción está investigando el origen de unas apuestas misteriosas (presuntamente realizadas por parte de familiares de los jugadores del Levante UD) que apostaban por un resultado muy llamativo que, misteriosamente, se cumplió.

Estas apuestas tienen un alcance tan grande y se mueve tanto dinero en ellas que incluso hay árbitros, altos mandatarios y entrenadores que han sido condenados por apuestas ilegales. ¡Los árbitros! ¿Quién de entre los lectores no ha asistido alguna vez a algún partido de fútbol y le ha dedicado cuatro palabras al árbitro por sus decisiones –desde mi punto de vista- equivocadas? Pues sepa usted que los árbitros españoles de Primera División ganan por convenio unos 200.000 euros anuales, una media de 18.000 al mes, 3.438 por encuentro, 53 euros de dieta por día y, si no viajan en avión de primera clase y lo hacen en su coche, reciben 0,19 euros por kilómetro. Ah, y añadan a la cantidad total unos 1.200 euros más de media por publicidad. Un dato increíblemente alto y estratosférico, únicamente superado por los árbitros ingleses, con la pequeña diferencia, sin embargo, de que estos últimos tienen que ser profesionales.

Pues sí, ganan más que el Presidente del Gobierno Español. Un total despropósito y el honor de un país como el nuestro. Spain is different, nunca mejor dicho. Sin embargo, mi artículo no va dirigido en contra del pobre colectivo de los árbitros, siempre tan perfectos y con unos errores (como he dicho antes) tan poco sospechosos como para que den pie a malentendidos, ni tampoco contra el fútbol y todo lo que representa.

¿Recuerdan las famosas palabras del pobre Cristiano Ronaldo, alegando su tristeza repetidas  veces? Pues el año pasado se embolsó más de un millón de euros por mes, seguido de muy cerca por Lionel Messi, con unos 975.000 euros mensuales.

¿Y por qué no? Aprovecho la ocasión para plantear el eterno debate sobre el deporte rey: ¿son justos los sueldos de los futbolistas? Uno de los principios básicos sobre los que se rige la economía es el de la escasez económica: normalmente, cuando más escaso sea un recurso, mejor remunerado estará. Todos servimos como reponedores en un supermercado o para archivar documentos, por este motivo la remuneración de estos trabajos es baja. Sin embargo, ¿todos sabemos darle a la pelota igual que Cristiano Ronaldo o Messi? ¿Esto justifica sus sueldos estratosféricos? Mucha gente me dirá que sí, que estos futbolistas se lo merecen.

Este debate hace años que existe y sectores del mundo del futbol vienen exigiendo que se regulen los sueldos máximos de los futbolistas, ya que mientras que ellos “se dejan la piel” 90 minutos en el campo por cobrar una media de 200.000 euros por partido, se extiende una nueva forma de esclavitud por el mundo, la del tráfico de niños africanos y latinoamericanos por jugar al futbol en los grandes clubes europeos. A pesar de que las normas de la FIFA prohíben que los clubes contraten a menores de fuera de Europa, algunos de los grandes equipos de España, Italia, Francia e Inglaterra sí lo hacen. Todo esto ha destapado casos de niños abandonados a su suerte en países europeos sin dinero, comida o el visado del país porque ningún equipo ha mostrado un interés en él.

No quiero ser revolucionario, ni quiero despreciar a nadie, ni tampoco a los talentos que posee cada uno de nosotros. Únicamente deseo una cosa, que la burbuja del futbol explote de una vez por todas, no porque odie este deporte, tampoco por los más de 690 millones de euros que debe el futbol español a Hacienda, nada de eso, sino por poder ver un futbol más justo, equitativo y de calidad.

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