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Tribuna

Voz Joven

“No es justicia; es política lejos de la democracia”

Por Núria Orriols y Xènia Serrat

Entrevista a Èric Bertran

“Estamos ante el reto más importante de los últimos 300 años”. Así empezó la conversación con Èric, el niño que se enfrentó con la justicia española por el etiquetado en catalán cuando sólo tenía catorce años. El adolescente que inundaba la red a través de Fènix1123 habla ahora desde la lógica convergente, una evolución política interesante: de la radicalidad independentista a la moderación soberanista, un giro que a muchos les ha llamado la atención. El diálogo es largo. Empezamos mirando hacia delante y acabamos en el punto de inicio. Muchos momentos vividos por una persona que no llega a los treinta años. Descubrimos ahora qué se ha hecho de aquel chico que conmovió al país con su voluntad y determinación.

Èric Bertran durant l'entrevista.

Éric Bertran durante la entrevista.

¿Qué hace ahora “Èric Bertran”?

Ahora soy secretario de inmigración de CDC y presido el grupo Nouscatalans.joves, el grupo juvenil en el ámbito de inmigración del partido. Nos dedicamos a hacer trabajos de integración social para cohesionar al máximo nuestro país; debemos tener en cuenta que un 17% de la población ha venido de fuera durante los últimos años, y nuestra tarea es muy importante si queremos que los recién llegados se sientan parte de nuestra sociedad.

¿En qué consiste este trabajo “de integración social”?

Hacemos cursos de lengua, damos a conocer el país, nuestra historia, nuestras raíces (…) y ahora, sobre todo, también nos dedicamos a explicarles el proceso soberanista que hemos emprendido. Desde la fundación intentamos transmitir a los que acaban de llegar a Cataluña que este camino hacia el estado propio es una vía para que todos podamos vivir mejor, sobre todo para las generaciones futuras. Queremos que se impliquen, voten y participen en el proceso; queremos que sean parte del nuevo país que queremos construir, un país mejor para todo aquel que viva y trabaje en Cataluña.

En uno de los referéndums celebrados en Quebec, Canadá concedió la nacionalidad a muchos inmigrantes pocas semanas antes de la consulta; hay voces que apuntan que fue una de las estrategias del Gobierno federal para aumentar el apoyo del “no” a la consulta. ¿Desde vuestra fundación, intentáis que este elemento no se repita en Cataluña? ¿Trabajáis para que el factor “inmigración” juegue a favor del estado propio?

Sí, evidentemente, el problema no es la nacionalización de los inmigrantes, sino que Quebec nunca había trabajado con esta nueva ciudadanía.

¿Crees que España también intentará ampliar el censo?

Sí, actualmente grosso modo hay 300.000 inmigrantes que pueden votar en España. El ministro Gallardón ya ha dicho que todos los que están en trámite se nacionalizarán de una sola vez a principios de año. Pienso que intencionadamente quieren incrementar el censo e intentar que eso juegue en contra del “Sí” a un estado propio, en caso de un hipotético referéndum. Cataluña no puede caer en el mismo error quebequés. Tenemos que ser una sociedad abierta y cohesionada, y por eso, tenemos que hacer pedagogía a esta nueva inmigración, todo el mundo tiene que encontrar su lugar en este nuevo proyecto de país.

Y cuando les explicáis “la causa catalana”, ¿cuál es su reacción?

Al principio son escépticos, pero cuando les explicamos cuál es la situación, la recepción es altamente positiva. Estamos hablando de gente muy valiente: son personas que han sido capaces de dejar su país de origen para buscar un futuro mejor. Entienden el riesgo, no les da miedo el proceso de independencia.

¿Y por qué hacer esta tarea desde CDC? Son muchas las personas que se han sorprendido de tu evolución política. Hasta hace relativamente poco, este partido trabajaba por el encaje Cataluña-España a través del autonomismo, y tú siempre has sido un independentista declarado.

Bien, vi que éste sería el partido que llevaría Cataluña a la independencia, y el tiempo me está dando la razón, ¿no? (ríe).

A priori, por tu experiencia parecería que tendrías que haber evolucionado hacia posiciones más radicales. ¿Por qué llegas a una formación política de tradición pactista?

Llega un momento en que te das cuenta de que las cosas se tienen que hacer bien y que la mayoría social soberanista se tenía que construir desde una formación política capaz de hacer converger distintos electorados, y esto es CDC. Tenía que ser un proceso gradual (como lo ha sido), acompañando a la sociedad catalana.

¿Cuál es el punto de inflexión que vive el partido?

La sentencia del Tribunal Constitucional, claramente. El recorte del estatuto te marca el techo constitucional, nos limita como país, nos imponen hasta donde podemos llegar con nuestro autogobierno.

¿Así pues, viste en CDC la herramienta para conseguir la independencia?

Sí, vi una opción seria que podía sacar adelante el proceso soberanista, una vía fiable y segura para alcanzar la independencia. Creo que CDC es un partido maduro y conocedor de cómo se las gastan en Madrid.

Y la madurez dicen que se alcanza a golpes y Èric recibió uno muy fuerte, y por sorpresa, una noche de septiembre de 2004, cuando 30 agentes de la brigada antiterrorista se presentaron en su casa, cortando las calles de la urbanización…

Vienen y dicen que he cometido un delito de terrorismo. No nos especifican ni cuál ni qué, porque con la ley antiterrorista tampoco tienen por qué hacerlo. Y entonces rastrean la casa, se llevan los ordenadores… y todo lo que quieren. No me detienen, pero al día siguiente me hacen ir a declarar a la comisaría de Blanes, con ellos mismos, la brigada antiterrorista, porque se quedan allí.

Al día siguiente, cuando vais a declarar en la comisaría de Blanes, te explican la causa de la detención, ¿y después qué pasa?

Unos días después de la declaración, la misma guardia civil filtra la operación que habían hecho: un gran éxito la detención de un terrorista informático muy peligroso…

¿En el diario de Girona, no?

Exacto. Entonces es cuando nosotros salimos para desmentirlo y decir que es absurdo, pero sin mucha sangre porque teníamos la esperanza de que lo archivaran. Pero veíamos que pasaban días, semanas, meses… y cada vez nos daba más mala espina. Aquí es cuando empieza la angustia y, después, un día, por casualidad, nos enteramos de que tengo que ir a declarar en la Audiencia Nacional de Madrid.

¿Por casualidad?

Por casualidad, sí, al cabo de tres meses: cada tres días o cada semana, nuestro abogado llamaba a Madrid para pedir que nos devolvieran los ordenadores, cuando un día le dicen de acuerdo, os podéis llevar el ordenador del hermano la próxima semana, cuando vengáis aquí a declarar. Y claro, el abogado se quedó perplejo.

¿Pero sin ninguna notificación oficial?

No hubo ninguna notificación oficial. Eso es otra muestra de la suciedad y la poca claridad de todo el proceso. Nuestro abogado nos dijo que si no habíamos recibido ninguna notificación, podíamos no ir a declarar. Pero quizá era lo que pretendían, para después venirme a buscar y decir que “había cometido desacato”. Decidimos ir.

¿Así pues, consideras que hay un problema político o jurídico?

Claramente, mi caso es un problema político. Aun así, también creo que hay un problema jurídico en la propia ley antiterrorista: no hay presunción de inocencia, no tienen que justificar absolutamente nada y para el Estado todo vale. Es una ley muy complicada.

Quizá las comisiones antiterroristas están muy centradas en sus tareas y acaban entrando en un círculo vicioso imparable. Además, se trata de un despliegue brutal que vale muchísimo dinero. ¿Podría ser que acabaran obviando el tema político y todo fuera fruto de una obsesión para combatir el terrorismo?

Hay una parte de eso seguro. Pero claro, el procedimiento fue como he explicado. Además, una vez archivado, tenemos acceso al expediente y se deduce que es político. El expediente es muy extraño y está lleno de irregularidades.

¿Cuáles?

Al final, además de nuestro abogado, también llevó el caso Augusto Gil Matamala; el primer abogado que ganó una sentencia contra España en Estrasburgo. Cuando miró el expediente, vio que no había por dónde cogerlo, porque ya en la orden de cacheo hubo irregularidades: la firma Fernando Andreu, un juez de mayores de edad, y resulta que antes de ir a mi casa ya sabían que yo tenía 14 años y lo que era el Ejército del Fénix, porque ya lo habían investigado.

Otra cosa algo extraña es que la Guardia Civil empezó a investigar sin que hubiera denuncia alguna, lo que nos llevó a pensar que alguien de los supermercados Día conocía a alguien de la Guardia Civil y se lo comentó. Entonces ésta se puso a investigar por su cuenta y cuando supieron que tenía 14 años y qué era el Ejército del Fénix, volvieron a hablar con Día, y entonces fue cuando Día presentó la denuncia sobre este correo. Esto, evidentemente, es un procedimiento muy extraño, porque no tienen acceso a este correo electrónico.

¿No habéis ido a Estrasburgo?

Hemos hecho muchas denuncias pero a Estrasburgo no podemos ir porque antes se tienen que agotar todas las vías estatales, y hay un procedimiento que no hicimos por equivocación. Por lo tanto, no se puede ir a Europa, donde creíamos que era una cuestión relativamente fácil de plantear. En cambio aquí, denuncias a todo el sistema, la fiscal, el ministerio de interior…

Claro está, no hay ninguna garantía jurídica. Estamos en lo más alto…

Este es el problema. Además, a nivel judicial, todo ha sido jauja y hay cosas que se reducen a mi palabra contra la de la fiscal.

Es que ella te dice: di que eres español o te encierro…

Yo estuve hablando con ella y al día siguiente estuve hablando con una psicóloga de la Audiencia porque tenían que hacerme un informe psicológico. La resolución de este informe, sellado por la Audiencia Nacional, determina que a mí se me recomienda un curso para controlar la violencia porque soy peligroso, porque en casa hablamos catalán y miramos TV3. Eso está por escrito y sellado.

Eso es muy grave Èric…

A mí es lo que más me preocupa de todo el caso, porque quizás la fiscal ha actuado a su manera, pero luego ves que nadie dice nada, es decir, que todo el mundo lo acata.

Tiene que ser muy duro que te etiqueten de terrorista a los catorce años y en un país tan castigado por él.

Hubo un momento en el que el país solo hablaba de este tema, y yo no había podido explicar todavía mi versión. Todo el mundo me ponía en duda, todo el mundo hablaba de lo que yo había escrito y de lo que yo había hecho, dando por sentado que yo había hecho algo. Necesitaba explicar mi versión, jugar mis cartas; pero en un primer momento mis padres temían que explicar mi historia a los medios de comunicación se volviera en mi contra.

¿Sientes empatía con Artur Mas? Recientemente ha sido acusado de tener cuentas en Suiza por un informe de origen incierto. Hay quien ha desconfiado de él. ¿Crees que es víctima de los reductos del Estado?

Sí, evidentemente. También me siento identificado con él desde el punto de vista personal; sé lo que significan estas acusaciones. Mira, ésta es una cuestión que nos tenemos que plantear como país. De entrada, la gente quiere creer que hay justicia; cree o quiere creer en el sistema. Es lo que necesitamos como seres humanos para sentirnos seguros, pero ahora tendremos que entender que este estado no está a nuestro favor. Estamos hablando de un Poder Judicial que actúa desde motivaciones políticas (como fue mi caso). ¿O alguien cree que Mas hubiera sido acusado si no hubiera intentado liderar el proceso independentista? Os aseguro que no.

(…)

La desconfianza de tu propia gente es un hecho muy triste. Es algo que nos tenemos que platear como país. Ahora mismo estamos en un proceso histórico y España no jugará limpio. Los catalanes debemos estar unidos y ser precavidos, porque tratarán de hacer perder prestigio y credibilidad social a quien destaque. No podemos dudar de nosotros mismos.

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